Kramen cita al historiador  William L. Schurz quien en un estudio publicado en 1939 “describía las riquezas del galeón de Manila, solitario bajel que durante más de dos siglos surcó las aguas del Pacífico entre Asia y Acapulco llevando en sus bodegas las fortunas y esperanzas de españoles, mexicanos, chinos, japoneses y portugueses, y auténtico símbolo del alcance internacional de los intereses ibéricos. El imperio, como el incansable galeón, sobrevivió durante siglos y sirvió a muchos pueblos. Muchos de ellos eran, inevitablemente, españoles, pero otros provenían de todos los rincones del globo.”

Imperio p 13

Sin inteligencia no hay civilización ni, por consiguiente, progreso humano. “Falta el manantial del bien.” (…) Si la inteligencia está ordenada a la moralidad, es también punto de apoyo del bienestar. La abundancia de medios materiales está en relación directa con la organización imaginativa de la explotación de la naturaleza. (…) La inteligencia “con su inquietud característica… su actividad… su variedad, representa el movimiento indefinido” que necesita del peso específico de la moralidad para mantenerse en una actitud constructiva. Por ello, la extensión cultural hay que realizarla de acuerdo con los principios religiosos.”

Vicente Rodríguez Casado, Orígenes del Capitalismo y del Socialismo contemporáneo, Madrid,  Espasa –Calpe, S.A., 1981, pp.494 – 496.

En las teorías macroeconómicas generalmente aceptadas, los procesos circulares input-output, donde el nuevo output se convierte en bien intermedio y en input para una nueva unidad económica, quedan truncados precisamente en la familia. Los consumos familiares, siguiendo a Carl Menger, fundador de la cada vez más influyente Escuela Austríaca, se convierten en bienes de primer orden, es decir en bienes finales que transmiten derivadamente su valor a los bienes intermedios de segundo, tercer, cuarto orden…etc. Quedan ordenados así los distintos bienes según la relación causal respecto a los bienes de primer orden.

La praxis tiene ojos buenos y penetrantes, y de ‘lo que se ve’ no desaprovecha absolutamente nada. Pero, precisamente, no se ve todo. Y con cierta frecuencia se oculta ‘lo que no se ve’, la cara opuesta, justamente el verdadero y decisivo ser de las cosas. Pongo un ejemplo entre muchos. Lo que se ve por doquier son trabajadores en paro. La primera impresión es que existe ‘demasiada mano de obra’. Lo que no se ve, aunque debería verse, es que, en realidad, resulta demasiado poca la mano de obra disponible; y resulta demasiada poca cuando se la compara con la dimensión de nuestras necesidades y nuestras obligaciones sociales. ¿Por qué se dejan sin hacer tantas obras necesarias y útiles? ¿Por qué no se construyen de golpe todas las líneas de ferrocarril y todos los canales navegables por los que desde hace años y siglos existe una tan justa y elevada demanda? ¿Por qué las máquinas y los instrumentos de nueva invención no se producen en cantidad suficiente para que se puedan servir de ellos hasta el último obrero o agricultor, en lugar de que éstos tengan que utilizar, como están haciendo ahora, un instrumental anticuado e inadecuado? O para expresarlo de modo breve y directo: )por qué no se produce el doble o el triple de todo lo que es necesario para la vida, de lo cual está abastecida sólo muy deficientemente la enorme mayoría de nuestros compatriotas, de tal modo que se pudiesen cubrir todas las deficiencias y se pudiese poner fin a cualquier necesidad?. La respuesta a todas estas preguntas es tan sencilla como ésta: «Porque, al fin y al cabo, hay demasiado pocas manos». 
Von Böhm-Bawerk, Eugen. Ensayos de Teoría Económica, Volumen I, La Teoría Económica. Unión Editorial – Madrid, 1999, pág. 135. 

Para entender mejor cuál era el significado de la palabra «naturaleza» en los tiempos medios, resulto útil acudir a la etimología. El vocablo tiene en su origen semántico un doble aspecto. «Natura» procede del participio pasivo –natus- del verbo nascor, nacer. Nascor proviene a su vez de «gena», engendrar. Es decir, lo que surge y nace, lo que es engendrado. El término naturaleza equivale, pues, a natividad, a nacimiento, a generación de los vivientes, en cuya raíz se encuentra el cambio, la mutación, el devenir. Significa, en consecuencia, dos cosas a la vez. Por una parte, la existencia de un principio con fuerza suficiente para engendrar, para hacer nacer, para crear; por otra, la cosa acabada, el resultado, lo engendrado en su totalidad

Rodríguez Casado, Vicente,  Orígenes del capitalismo y del socialismo contemporáneo. Madrid: Espasa-Calpe, 1981; p. 40.

La peculiaridad de cada ser, su diferencia individual, lejos de estorbarle para captar la verdad, es precisamente el órgano por el cual puede ver la porción de realidad que le corresponde. De esta manera, aparece cada individuo, cada generación, cada época como un aparato de conocimiento insustituible. La verdad integral sólo se obtiene articulando lo que el prójimo ve con lo que yo veo, y así sucesivamente. Cada individuo es un punto de vista esencial. Yuxtaponiendo las visiones parciales de todos se lograría tejer la verdad omnímoda y absoluta.

Ortega y Gasset, El tema de nuestro tiempo, Alianza Editorial, Madrid, 1987. p. 151.

La moral es la organización estricta del tiempo humano respecto de una culminación. Dicha organización disminuye el gasto de tiempo. Decidirse por las alternativas positivas comporta una responsabilidad que pone en juego los principios directivos morales. Dichos principios se resumen en la fórmula siguiente: haz el bien, no te retrases.

Rubio de Urquía

Aunque la justicia sea formalmente un bien del que la tiene, sin embargo, su objeto es bien ajeno. Pues versa acerca de dar a cada uno lo que es suyo. Y también: La ley humana tiene por fin la justicia como virtud especial, en la cual se funda la sociedad y seguridad humanas.

Domingo de Soto
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